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Niños, navidad y duelo

Llega diciembre y para muchas familias con niños pequeños que han perdido recientemente a un ser querido, la celebración de la Navidad puede convertirse en un gran desafío. Perder a un ser querido es una de las experiencias más dolorosas que pueden sucedernos. El duelo es un proceso normal y natural, que afecta a personas, familias y parejas. Aunque no requiere de un tiempo exacto de resolución, no deja de afectarnos tanto a nivel físico, emocional, cognitivo, relacional, social y comportamental, llegando a ser un proceso doloroso e incluso en ocasiones, incapacitante. Cuando una persona está en duelo, puede experimentar diversos síntomas siendo los más característicos: tristeza, nostalgia, rabia, sentimientos de impotencia, incredulidad, ansiedad, problemas de sueño, aislamiento social, entre otros. La gravedad de los mismos dependerá del conjunto de variables personales, sociales y circunstanciales en cada caso. Atendiendo a las circunstancias de cada familia, la celebración de la Navidad puede variar, pero tenemos que tener presente que los más pequeños necesitan experimentarla de la forma más normalizada posible. Cuando un niño pasa por una situación de estrés intenso, como la pérdida de un familiar, lo primero que hace es mirar a los ojos del adulto, y conforme éste lo asuma así lo hará él, ya que somos modelos de aprendizaje emocional para ellos. Intentar ocultar o edulcorar la realidad en la que vive el niño, solo provocará que él mismo invente su propia teoría de lo que está sucediendo, ya que intuye que algo ha pasado o cambiado. Hay que tener en cuenta que, en función de la edad, el concepto de muerte varía, y los más pequeños todavía no entienden la irreversibilidad y la universalidad de lo sucedido. Para ello, tenemos que adecuar nuestro discurso en función de la edad evolutiva y las características del niño. Los niños, como nosotros, se encuentran en el mismo proceso de duelo, pero lo expresan y experimentan de modo diferente a los adultos. Las emociones de los niños suelen oscilar, y como ocurre a lo largo de todo el proceso de duelo, es frecuente observar como durante las vacaciones, las reuniones familiares, en los momentos de celebración, o con la llegada de los regalos, los niños pueden pasar por momentos de pena e inmediatamente pasar a concentrarse en jugar, ver la tele o simplemente charlar, siendo éstas conductas absolutamente normales, puesto que los niños tienen esta capacidad para intercambiar estados emocionales con actividades lúdicas, y no pueden mantener las emociones como la pena y la tristeza de forma intensa y tan duradera como nosotros. Buscar apoyo en la familia y amigos, promover una comunicación abierta y sincera y facilitar la expresión de las emociones, ayudará a los más pequeños a obtener el apoyo y la seguridad que necesitan en estos momentos.

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